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Alexis Ortiz: Así fue como el comunismo cubano convirtió a Venezuela en su colonia

por Alexis Ortiz el 28/05/2015 a las 03:51 horas
Ellos saben que su peor enemigo es la unidad de la oposición, por eso se proponen destruirla. Para eso cuentan con la cándida complicidad de compañeros desprevenidos...o demasiado astutos.
 
En los años sesentas del siglo que recién se no fue, el déspota cubano Fidel Castro intento conquistar a Venezuela, con una guerrilla entrenada, armada y financiada por él. El presidente Rómulo Betancourt, con el apoyo de Caldera y su partido, derrotó política y militarmente a Castro y la Democracia venezolana se salvó por cuarenta años.

Pero una tarde de hace un poco más de una década, en el jardín biodiverso tropical de su casa nos dijo cierta vez el doctor Enrique Tejera París, ese venezolano de lujo, al finado y gran amigo Angel Zambrano y a mí:

"Es algo nunca visto e irrepetible en la historia. Gracias a que Hugo Chávez se fascinó con Fidel Castro, Cuba, un país más pequeño, con menos recursos y tiranizado, sin disparar un tiro ni invertir un dólar, se apoderó de Venezuela, una nación más grande, rica y libertaria.
Vale la pena rasgar un poco el proceso que nos condujo a tal bochorno:
 
Chávez engreído manipulable.
El mañoso autócrata cubano Castro, no tardó en percatarse que Hugo Chávez se había enamorado de él como una candorosa quinceañera. Y también se dio cuenta que el ego de Chávez era superlativo y que añoraba ser el sucesor de Fidel como héroe de los calenturientos de la tierra.

Entonces Fidel y Raúl, con la colaboración de sus antiguos agentes Alí Rodríguez Araque, Nicolás Maduro y José Vicente Rangel, se dedicaron a manipular el ego del patético caudillo venezolano, haciéndole creer que era un líder mundial y, lo más triste, convenciéndolo de que él debía entregarse a la asesoría cubana para mantenerse ad infinutum en el poder.

Así fue como Chávez, ambicioso y lerdo al mismo tiempo, les entregó el control de Venezuela a los comunistas cubanos: Regalo de petróleo, dominio de la seguridad y el espionaje policial, la represión, las importaciones, el registro civil, la medicina, distribución de alimentos, reparto de las obras públicas y hasta de las Fuerzas Armadas...

Y los Castro fueron tan crueles con el incondicional que les resultó Chávez, que lo dejaron morir, no sin antes convencerlo de legarle el poder a un hombre de ellos, entrenado por ellos y obediente a La Habana, otro resentido social: Nicolás Maduro.
 
Lucha de clases y crispación social   
Fidel y Raúl Castro metieron en la cabeza, confusa y saturada de ignorancia de Hugo Chávez, la estrategia de la lucha de clases, de estimular el odio y la división social. El maniqueísmo de pobres buenos y ricos malos (socios del "imperialismo") (*).

Ese odio de clases incluye maltratar hasta la desesperación a la clase media. Porque suele ser la clase promotora de cambios y de resistencia a los autoritarismos que en el mundo han sido. La idea es simple: agobiar a la clase media para que se deje dominar por la rabia y se vuelva imprudente, lo que justificaría la represión contra ella; o se desespere hasta el pesimismo y se vaya del país.

También forma parte de la maniobra canalla, desbaratar la producción privada, decapitar al empresariado, para que la gente se acostumbre al soborno social, a ser limosneros del estado. Los grandes tratadistas, desde Locke, Adam Smith y Francisco de Miranda hasta Karl Popper, han demostrado que la propiedad privada es una garantía para la libertad y el progreso de los ciudadanos.
 
Implantación del miedo y la impotencia
Represión masiva y despiadada, corrupción desenfrenada e impune de los gobernantes, hegemonía comunicacional, desabastecimiento dirigido especialmente contra la clase media, alianza descarada con los terroristas de distintas pelambres y con el narcotráfico, son las componentes de la tercera clave estratégica del castrochavismo para asegurar su dominio continuista.

El objetivo es sembrar el miedo y la desazón en el pueblo inteligente de todas las clases y sectores. Lograr que acepten su tragedia como algo natural, como una fatalidad. Procurar que la gente se resigne, pierda el impulso de lucha y se dedique a la sobrevivencia precaria a que la escasez obliga.

Y como era de suponer, el castrochavismo actúa con deliberada perseverancia y disimulo para dividir al pueblo opositor y para sembrar el virus de la antipolítica. Intriga para distanciar a los que deben luchar juntos. Para aprovechar las legítimas diferencias que pueda haber entre los dirigentes democráticos. Ellos saben que su peor enemigo es la unidad de la oposición, por eso se proponen destruirla. Para eso cuentan con la cándida complicidad de compañeros desprevenidos...o demasiado astutos.
 
(*)
Luce raro, pero en verdad el imperialismo que hoy padece Venezuela es el cubano.









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