Vicente Díaz: Bomba de Odio
por Vicente Díaz el 01/03/2012 a las 11:21 horas
Dos partes del país se ven entre
sí con odio profundo. Feroz. Animal. Son partes pequeñas, cierto: la mayoría de
los venezolanos no destila ese veneno lacerante. Pero en las dos pequeñas
partes el odio es profundo. Creciente. Peligroso. Es una bomba de tiempo que si no se desarma
estalla. Tarde o temprano.
Beatriz entra a mi oficina hecha
un mar de lágrimas. Inconsolable. Tiene sólo dos semanas trabajando con
nosotros. El año pasado se graduó como TSU en administración. Se le contrató al
igual que otros cientos de muchachos para la Jornada Especial
de Registro Electoral.
Entre sus sollozos termino
entendiéndole que estuvo todo el día al frente de su módulo de actualización
del registro electoral en un centro comercial de Caracas. Durante todo el día
fue acusada de tramposa, de fraudulenta, de que igual la trampa estaba montada,
de que era una chavista de porquería. Al irse calmando me explicó que la
mayoría de la gente fue amable. Que algunos le hacían algunas preguntas que
ella no tenía idea de cómo responder, sobre temas diferentes a su trabajo
específico. Pero que de vez en cuando llegaba alguien con gesto feroz; algunos
que sólo la miraban con desprecio, otros le vociferaban insultos y ofensas.
Beatriz renunció. No se la cala más.
Bruno trabaja en mi oficina.
Tiene una cuenta personal en Twitter. En ella retuitea mi información de que la
fecha del 7 de Octubre no será modificada. También me retuitea que los tres
millones de votos de las primarias son certificados por el CNE. Recibe una
andanada de descalificaciones: traidor, vendepatria, pitiyanky, fascista,
golpista; que se cuide, que lo conocen, que renuncie, que está manchando a la
institución. Esos son los publicables.
Dos partes del país se ven entre
sí con odio profundo. Feroz. Animal. Son partes pequeñas, cierto: la mayoría de
los venezolanos no destila ese veneno lacerante. Pero en las dos pequeñas
partes el odio es profundo. Creciente. Peligroso. Es una bomba de tiempo que si no se desarma
estalla. Tarde o temprano.
El Odio tiene su historia; una
historia con dos caras: golpes de Estado, listas Tascón, despidos públicos
humillantes con silbato en mano, colas enormes para comprar gasolina, cierre de
medios, medios devenidos en actores políticos, marchistas y contramarchistas
asesinados, insultos televisados, cadenas presidenciales abusivas y
ventajistas, deseos de muerte al paciente enfermo desde las redes digitales,
decir que el cáncer es de oposición y que se le dará el mismo tratamiento. La
lista podría llenar páginas.
Desactivar la bomba de odio no es
fácil, no es rápido, pero se puede; y es un deber. Todos quienes amamos la paz,
con justicia y libertad, tenemos que poner el hombro. Las responsabilidades no
son iguales, pero las consecuencias de no hacerlo si son para todos por igual.
El Estado, los medios de comunicación, la élite de los partidos y los
formadores de opinión tenemos la carga principal. Hagámoslo.
Pongo a la disposición mi
despacho para ayudar a que quienes tenemos la mayor responsabilidad podamos ir
encontrando un camino para que, sin abandonar creencias y principios, se
comience a desmontar paso a paso esa Bomba de Odio que olvida que los
venezolanos tenemos más cosas en común que diferencias. Y que las diferencias,
deseables per se, enriquecedoras per se, se pueden administrar en paz y
en democracia. Reconocer que el otro existe no es suficiente, hay que
internalizar que es imprescindible que exista.
La presencia de uno evita los extremos del otro.
Sería un tremendo ejemplo para el
mundo, y para la Venezuela
por venir, si los protagonistas de la
historia en desarrollo se sentaran en una mesa a conversar a pesar del fragor
de la campaña electoral. Conversar no es claudicar. La agenda una sola: remover
el odio y sus causas de esta Tierra de Gracia.